Llegué a Aguas Calientes, al pié de Machu Picchu.
Llueve sin parar.
El paisaje es extrañísimo. Enormes montañas, impresionante vegetación y al pié de todo esto algunas pequeñas edificaciones muy tercermunditas. Feria, baratijas pordoquier.
La gente se mueve ansiosa, parecen apurados por llegar no se sabe dónde.
En la estación de tren, al atardecer y bajo la lluvia, un grupo de turistas agolpados intenta conseguir pasajes. Ya no hay para hoy.
Tal vez debamos quedarnos aquí por tiempo indefinido.
sábado, 12 de enero de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario