domingo, 14 de febrero de 2010
Final de la historia: amor, sensatez y las enseñanzas de la mitología.
Cuentan que Orfeo, perdió a su esposa Euridice el mismo día de la boda. La joven fue herida de muerte por una serpiente y el amor se vistió de luto antes de poder celebrarse. Orfeo, desesperado viajó a las profundidades del Reino de los Muertos y los amos de aquél inframundo (Perséfone y Hades) conmovidos por ese amor le conceden regresar a Euridice a la vida pero, había una condición (siempre hay una): ella lo seguiría en el camino de salida y él no debía darse vuelta para mirarla, porque si lo hacía, en ese mismo instante la perdería. Orfeo acepto la aparentemente sencilla condición impuesta por la pareja del Hades y comenzó a caminar seguido por su amada Euridice. Sin embargo ya a punto de salir al mundo de los humanos, se dio vuelta y la miró, Euridice entonces se desvaneció y nunca más los amantes pudieron estar juntos.
Siempre me pregunté ¿Por qué Orfeo cometió semejante estupidez? ¿Por qué después de ir a buscarla al fondo mismo del infierno, sorteando muchos obstáculo y habiendo obtenido lo que nadie logra: volver a la vida a un muerto, por qué en semejante situación comete la gran estupidez al final, cuando ya faltaban pocos metros para salir de allí?
Hace muchos años que viajo buscando a Libet. Algunas veces estuve a punto de encontrarla y traerla conmigo. Soñé muchas veces con ese momento, así como en otros me desperté aterrorizado por las pesadillas donde ella nunca más aparecía. Mi viaje en busca de Libet ha estado plagado de sinsabores pero también ha estado guiado por la promesa del feliz reencuentro.
Libet, se ha desvanecido. De ella ya no hay más que algunas fragmentarias historias, cada vez menos testigos, y una memoria que también se desvanece. Tal vez yo la siga buscando, pero encontrarla es otra cosa. ¿Quién sabe?
Este diario de viaje ha llegado a su final, pero antes de despedirme me gustaría compartir una pequeña y sencilla opinión con ustedes: Yo creo que Orfeo cometió la gran estupidez de mirar a Euridice desobedeciendo la orden de Hades y Perséfone, simplemente porque estaba enamorado. Me lo imagino desbordante de felicidad al ver que había logrado traer de vuelta a su amada. Supongo que creía que ya en ese último tramo nada les pasaría. Tan feliz estaba que cantaba y tocaba la lira, y todo ya era casi una fiesta. Y sin embargo, embriagado de amor, la cagó. Cuántas veces hacemos los mismo!
El amor y la sensatez nunca se han llevado bien.
Fin.
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