jueves, 4 de febrero de 2010

Como adictos a las escondidas

Perdido. Como una madre desesperada que busca en los brazos de su hijo alguna marca que le indique si  (como dicen las vecinas) se inyecta mrihuana. Como los perros que dan vueltas por las calles de Valparaiso o de Pompeya. Desorientado. Así ando buscando en los lugares donde sospecho ella ya no está. Donde quizás nunca estuvo.

El Dr. Tebarkirton dice que debe estar en algún loquero. Los leales afirman que hay quienes la vieron por las calles de Santiago. Todos opinan, pero en esta hora, la única verdad es la realidad, y todo indica que ella ya no está aquí.

A veces me pregunto si Libet querrá que yo la encuentre. Imagino que me ve desde lejos y se ríe mientras se esconde una vez más, y así, mil veces escondida construye un juego que ya a ninguno de los dos nos divierte pero que no podemos abandonar.

Goodbye Valparaiso


Estoy furioso. No me vuelvan a decir que Valparaiso es "pintoresca". Me revelo ante ese eufemismo. Valparaiso es una ciudad pobre, maltratada, postergada, en derrumbe. Una especie de San Francisco del mega subdesarrollo. Una mezcla de la Habana vieja con el downtown de Buenos Aires, pero todo degradado.
Un lugar lleno de perros vagabundos, de hombres "curaos" que juegan toda la tarde a las cartas en lugares públicos mientras las mujeres trabajan en sitios privados.

No puede ser que Libet esté viviendo en un lugar así. Vuelvo a Santiago.