Anoche tuve un momento de revelación. Narraré lo sucedido del modo más objetivo posible. Iba yo caminando, mirando vidrieras cuando de repente un auto frena estrepitosamente en Catedral y Matucana. Bajan dos hombres fuertemente armados y me invitan a subir al vehículo (no hubo violencia física, hay que decir). Me trasladaron a las afueras de la ciudad (parecía una viña) y me dejaron en una sala muy confortable donde esperé bastante. Al rato y ante mi asombro, aparece el Dr. Chichí vestido con una tela color violeta a modo de túnica y la cabeza rapada; llevaba atado a una correa (como se lleva a los perros) al "Muñeco" Matías. El pobre "Muñeco" (que supo ser un gran actor y bailarín) estaba totalmente perdido, empastillado me imagino y creo que nunca me reconoció. Al Dr. Chichí, en cambio, se lo veía más joven y lúcido que de costumbre, como si hubiera extraído del jovenzuelo devenido can, toda la vitalidad perdida con el paso de los años.
- Como estás Chichí? (le pregunté).
- Dígame Pancha (respondió secamente).
Comprendí entonces, que la lucidez que había percibido hacía unos minutos era ficticia y que Chichí estaba más loco que de costumbre. El "Muñeco" Matías empezó a ladrar y Chichí lo hizo callar alcanzándole una muñequita de plástico toda mordida.
- ¿Para qué me trajeron aquí? (pregunté).
- Quiero que dejei la weá de buscar a la Libet, cachai? (respondió).
Su tono falsamente chileno me hubiera causado risa en otra circusntancia, pero haber mencionado a Libet hacía todo muy serio.
- Eso no va a ser posible Chic... quiero decir, Pancha. No me iré sin Libet.
Chichí comenzó a aplaudir, como quien llama a otros, e inmediatamente aparecieron cinco enanos (tal vez los mismos que intentaron secuestrar el vuelo a Mendoza). Estaban vestidos de odaliscas y danzaban frenéticos mientras el "Muñeco" volvía a ladrar y Chichí cantaba en un extraño idioma.
En medio de esa especie de aquelarre, me escapé. Afuera de la casa, los guardias (antes armados), bailaban cueca entre ellos, semidesnudos y totalmente borrachos. Corriendo llegué a la autopista, donde un matrimonia que iba hacia Til Til me ayudó a volver a Santiago.
Ahora estoy seguro de que Libet está muy cerca.
viernes, 5 de febrero de 2010
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