domingo, 7 de febrero de 2010

Como Icaro sin alas.

Las órdenes que llegan desde Buenos Aires son precisas: "Abandonar la operación y regresar inmediatamente".
 El Alto Mando me lo ordena y desobedecer sería un suicidio. Sin el apoyo económico y logístico, y sobre todo, sin la voluntad política de que la misión continúe, esto es inviable.

Estoy aislado (como el Che en Bolivia). Atrapado en el laberinto, como Icaro, pero sin alas.

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