Los agentes de la secta Wilka están infiltrados en todas partes. No es casual que justo cuando me disponía a develar el secreto mensaje del Maestro García, personal del hotel Aconcagua impidió que me tire a la pileta desde la terraza y no conformes con eso, me echaron del hotel (no era gran cosa ese lugar, hay que decir).
Afortunadamente, me contacté con dos leales soldados de la causa libeteana que me hospedaron y me dieron más pistas para continuar. "La niña gigante, es la clave" me dijeron, y rápidamente tuvimos que separarnos para evitar mayores inconvenientes.
En este momento estoy escapando de Mendoza, me voy hacia el poniente. Retomaré contacto en breve.
(En la foto estoy junto a uno de los leales "El Chiqui". Está intencionalmente borrosa, la vida en la clandestinidad es así).
viernes, 29 de enero de 2010
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